La pitia I

Hola de nuevo, amiguitos. Antes de nada, vaya por delante que este no es un post para enseñaros a cómo pedir predicciones a la pitia. Yo no puedo enseñaros cómo jugar, porque, pese a que no me ha ido mal, quizá alguno de vosotros haya tenido un sensei chino (lo que es sumamente improbable) o tal vez haya tenido un amigo tabernero, por lo que puede saber más de conocer a la bestia que yo mismo.

Os habréis dado cuenta que he llamado a la tragaperras la Pitia o la Bestia. Estos posts no pretenden decirte cómo has de jugar, sino prepararte mentalmente para ello. Para decirte como tienes que jugar, hay un doctísimo tratado circulando por Internet: The Fruit Machine Code, por Vic Green, que por lo visto, según dice Google, diseñaba tragaperras y algo debieron hacerle en su curro para que se decidiera a violar el secreto industrial. En cualquier caso, el FMC te enseña a ganar, no hacer trampas. Me referiré al FMC en alguna ocasión para ilustrar el juego mental y recomiendo su descarga, pese a que estará en idioma de infieles, pero la trascendencia requiere dedicación y perseverancia.

Y he aquí como llegamos al concepto clave del FMZ: La trascendencia. La trascendencia a estos efectos el objetivo a alcanzar. No, no es necesario meditar ni nada de eso. La definición de trascendencia con la tragaperras es el estado mental que nos permitirá interactuar con la Pitia sin que ella detecte nuestro nerviosismo y por tanto se adecúe a una manera de jugar que nos perjudique. A su vez la trascendencia para nosotros mismos, será el mecanismo por el cual podremos jugar sin sucumbir a la bestia, es decir, la ludopatía. Intentaré definir en lo sucesivo ambos estados de ánimo, ya que aquí necesariamente la definición se nos queda coja.

Ganancia: Es el jugador con sus decisiones el que determinará si ha habido ganancia o no, no la Bestia. Eres tú el que decide seguir jugando. En lo sucesivo de cara a aspectos mentales sólo nos referiremos a ganancia a lo que te queda cuando dejas de jugar, pero teniendo en cuenta que NO haremos para determinar la ganancia la resta (dinero que tenía – dinero que tengo). Es completamente necesario para dominar el furor, asumir que la ofrenda que haces a la pitia no es tuya, no fue tuya, y no será tuya. Si tienes mucho apego por tus posesiones, sencillamente no visites el oráculo. En las monedas y en los billetes no pone tu nombre por ningún lado. Eres poseedor de un bien que sirve para intercambios, no propietario de un papel o un trozo de metal. Ten eso en cuenta.


La Pitia mejor considerada últimamente

Bien, ahora que hemos asumido que la verdadera riqueza consiste en saber renunciar a ella, debemos tener claro no cuanto, sino qué, es lo que vamos a ofrecer a la Pitia. En este punto, y para evitar las codiciosas garras de la Bestia hay que tener muy claro donde está el listón, y que este ha de ser inamovible, al menos en principio. A visitar a la Pitia se va después de haber estado en el mercado, en el foro, en la taberna y en el lecho. ¿Por qué? Porque la Pitia sólo atiende a quien ya ha tenido la oportunidad de resolver sus problemas. Con esto quiérese decir que no hay que poner esperanza alguna en la máquina. Sólo cuando te ha sobrado algo después de hacer la compra, tomar unas cervezas, o darte un caprichito, sólo entonces puedes visitar a la sacerdotisa. Porque quien espera que le den la solución, cuando la tiene en sus manos, no la merece. Tan sencillo como eso. No puedes jugar a la máquina para resolver tus problemas. Todo lo que harás será agrandarlos.

El FMC hace acertada referencia del método de los 12 créditos. Con el trasvase al Euro y la consiguiente diarrea inflacionista yo soy partidario de aumentar la cifra hasta los 20, aunque el la mayoría de situaciones con 15 créditos tienes más que suficiente para estudiar a la Bestia. Es aquí donde llegamos al siguiente punto.

(Continuará)